Este curso fue excelente, sugiero que las actividades de evaluación sean menos memorísticas. Pero en general aprendí mucho.
Antes pensaba que trabajar por la sostenibilidad en la escuela era sobre todo enseñar a reciclar, ahorrar agua o cuidar los árboles. Cosas importantes, sí, pero ahora veo que va mucho más allá. Hoy entiendo que la sostenibilidad no es solo un tema más en clase, sino una forma de estar en el mundo y de educar. Es escuchar a los estudiantes, caminar con la comunidad, reconocer sus historias y sus saberes, y desde ahí construir juntos soluciones reales. Ya no se trata de dar respuestas desde afuera, sino de preguntar, observar, sentir el lugar donde enseñamos y aprender con quienes lo habitan. La escuela, entonces, deja de ser solo un salón con pupitres y se convierte en un espacio vivo, donde se siembra no solo conocimiento, sino también cuidado, justicia y esperanza.
